¿Dónde está la compasión, adónde la justicia?
Porque veo en tu vida y sé que no existe un dios.
¿A dónde van tus años y tus hijos, adónde tus sonrisas y sueños?
Porque te abrazo y te siento sollozar.
Hermana mía, dios nos olvida a todos; pero tú, tú fuiste abandonada, rechazada y maldecida.
Duele tu profundo dolor y la forma en que haces parecer tan liviano tu agudo pesar.
Cómo brillan tus ojos aun cuando el clavo en tus sandalias ha hecho que tu pierna gangrenada se paralice completamente.
Hiere, mi dulce hermana, tu tierno saludo y el temblor en tu labio que desea llorar, pero que deja salir simplemente un “Dios te bendiga”.
¿Quién es dios?
¿Quién es ese dios al que tú me clamas tan creyente, e invitas a tu mesa, mientras él da la espalda preocupado por que el diezmo ha disminuido?
Si tan sólo no costara sacar del nudo en mi garganta, si tan sólo se hiciera sencillo pedirte hoy que me perdones, por ser quien soy, por ser como soy.
Si solamente pudiera decirte que te amo, que eres parte de mí.
Si pudiera decirte que lo siento, que siento haber andado por ahí llorando el cargar con esta pluma en el ojo, mientras tu parada me oías con el mundo a cuestas, la barriga llena de embarazo y la planta de tus pies sangrante por las espinas incrustadas.
¡Perdóname hermana mía, si no fuera demasiado tarde, si aún te quedara vida!
Hermana tú que golpeada por el puño de los frutos de esta maldita sociedad machista, cantas para tus hijos.
Tú que compartes el corto tiempo de tu vida con los que no han de agradecerte.
Tú que enseñas con fe a los futuros asesinos y líderes de destrucción humana.
Tú que lloras bajo las cobijas mordiendo los dientes porque todos te olvidan, todos te dejan, todos escupen tu rostro.
Hermana tú que aun así los amas… nos amas.
Hermana tú realmente eres la merecedora de adoración.
Tú y sólo tú eres la creadora de milagros. La que convierte una quincena en el pan del mes.
El pan de uno, en cientos. El hambre en alegría. El llanto en fuerzas. La semilla en árbol.
El libro en conocimiento. El amor en libertad. El cielo en una realidad, sin ofrecer vida eterna ni recompensas exclusivas de los santos.
Hermana mía, tú que eres lo que dios debiera ser; tú, eres verdadero amor.
NOTA: Dedicado a todas las mujeres de todas las edades, que han tenido que nacer en este mundo dominado por hombres, en especial a mis tres hermanas (Angie, Eva y Rosi).
martes 3 de marzo de 2009
Hermana mía
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Callada la noche
Callada la noche.
Callada e inmaculada en el tallado de la piedra que grabada sirve de tu cripta.
Sigiloso sufrir paranoico, harto de su esquizofrenia, agorafóbico por rutina y comprimido por las alergias.
Taciturno pensamiento vagabundo e indigente.
Muda soberbia austera heredada de mi mal sentirte.
Reservado amor marasmático, libre de hipocresía, cruel por diversión.
Cauteloso tu retorno a la tierra del olvido, donde he muerto de inanición mil veces
esperándote.
Callada la noche que me consumo sin ser escuchado, que abraso doliente sin que nadie preste atención.
Silente darse por vencido tras adorarte hasta el asqueamiento.
Perseverante el fastidioso añorar.
Sosegado cáncer de tu cuerpo.
Tranquila agonía.
Callada la noche.
Callada e inmaculada en el talle de tu espalda, la que venero, la última de tus noches.
Pasiva la gana de hacerte mía a la fuerza.
Inerte mi entelequia, tú.
Tú, mi absorto absoluto ser.
Mi consciencia.
El escalofrío en la vértebra.
Callada tu boca que no repite que me quiere.
Callada tu alma que encierra en la mirada ese desgaste, ese desprecio hacia mi trillado recital de amor.
Silente y soberbia.
Callada.
Callada la noche.
Callada tú, que al igual que la noche, ya no me ama.
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lunes 23 de febrero de 2009
Mi hoy muy querida Lauren
(Perdiendo la virginidad recuperada)
Aún ahora que estás en mis brazos.
Con tu sonrisa silente llena de pensamientos escondidos.
Todavía aferrado a tus senos y a tu piel tibia.
Con el cuerpo lleno de ti.
Aún ahora tiemblo de miedo.
Sumido en cada sensación olvidada y que de pronto regresa como el olor del vino seco, Rezagado en copas abiertas esparcidas por el cuarto.
Perdidamente tuyo mientras dure el momento,
Mientras nos arda el vientre.
Mañana a tu partida estaré feliz de perderte,
Pero hoy, sensible por el amor escaso,
Me sujeto a tus glúteos durante el naufragio de mi virginidad recuperada;
Que tomas, de nuevo sonriendo.
Por esta noche dime que no lo amas.
Que puedes ser mía, como yo tuyo.
Que quieres beberte mi pasado y alejar el fantasma de la primera virginidad.
Fueron cuatro años de silencio.
Cuatro años apagando el fuego con besos robados y presurosos.
Y ahora que hacemos el amor no debiendo.
Con el perdón obstruido y hablando de él.
Mientras me impregno por todos lados del aroma de tu sexo, del sabor de tus carnes, y la sal en tu espalda.
En este momento que agradecido gimo el llanto de dejar atrás lo que guardé tanto tiempo,
El sexo es como la cocina, sabe mejor si se comparte - me digo a mí mismo.
Fueron cuatro años y casi olvido el tacto.
Cuatro años de tanto remordimiento.
Cuatro años de negación, y soy tan feliz durante nos poseemos.
Tan feliz de mirarte y disfrutarte.
Muy satisfecho; repleto de tus palabras que se tornan en este instante, mi alimento.
Cierro contigo el antes y el después.
Soy libre al fin.
Y si bien no he de volverte a ver, tampoco he de olvidarte; mi hoy muy querida, Lauren.
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